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El ego

Voces Budistas 18 de Septiembre de 2005

jeudi 19 janvier 2006, par Gyobutsu Ji

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© P-O Reynaud

Catherine BARRY : Buenos días a todos. Cada discípulo en la tradición budista Mahayana y Vajrayana renueva cada día el voto del bodhisattva, voto con el que nos comprometemos a hacer todo lo que podamos para ayudar a los seres a liberarse del sufrimiento y de sus causas, y a encontrar la felicidad y sus causas y realizar el despertar. Si suponemos que es el pequeño “yo,” el individuo el que toma este tipo de compromiso, es evidente, a primera vista, que ese comportamiento parece estúpido e irreal. Por el contrario, si el ego no interviene en ese proceso, las cosas difieren totalmente, entonces, ¿qué representa el ego en la Vía de Buda ?

Hablamos con ROLAND RECH

ROLAND RECH, buenos días

Roland Rech : Buenos días

C. B. : Voy a presentarte en pocas palabras. Eres uno de los principales responsables de la AZI, la Asociación Zen Internacional, enseñas en Niza donde tienes un dojo, eres responsable del dojo de Niza y enseñas también en toda Francia y en Europa ; tienes una agenda muy cargada y también publicas regularmente libros sobre la enseñanza que transmites a tus discípulos. Si te parece podemos empezar por recordar qué es el ego, ¿cómo podemos definir el ego ?

R. R. : Querer definirlo es ya una trampa, porque el ego es inasible, no podemos definirlo, no es algo, esta es una de las enseñanzas fundamentales de Buda y especialmente de la experiencia del Zen. Si queremos asir el ego, vemos que no corresponde a nada fijo, permanente, beneficioso que pueda hacernos felices y por el contrario, hay funciones psíquicas que tomamos por ego, funciones que en el Budismo llamamos los agregados.

C. B. : Vamos a precisar qué son los agregados, pero antes evitemos toda confusión recordando qué es el ego, el yo, el individuo, la persona, el sí..

R. R. : El yo es el pronombre personal, es el sujeto del lenguaje. Yo creo que si el ser humano se cuestiona el ego de una manera tan viva es precisamente porque somos seres de lenguaje. Aprendemos a decir yo y terminamos por creer que lo que no es más que una forma de lenguaje es algo. Por otra parte, como en el fondo de nosotros mismos presentimos que ese yo no existe más que en la relación y en el lenguaje, en la relación con el otro, y como habitualmente nos sentimos inseguros, tenemos ahí una fuente de angustia ligada al apego a una cierta permanencia. Nos damos cuenta que, en el fondo, ese yo no tiene nada de permanente y hacemos infinidad de esfuerzos para tratar de construir algo alrededor de ese yo. Tratamos de construir un yo, de construir una personalidad, un yo que va a distinguirse del otro. Ese yo sólo se define en relación con un tú, es decir, en una relación de yo a tú, siempre en interdependencia. Pero cuando terminamos por creer en ese yo como algo sustancial nos identificamos con un cierto número de cosas y esa es la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que es lo que llamamos nuestra personalidad.

Esto es útil en un cierto sentido, porque para hacer una elección tenemos necesidad de referirnos a una cierta idea de nosotros mismos, para saber si la elección que vamos a hacer es coherente. La personalidad, es la idea que tenemos de nosotros mismos, cómo hacer para mantener la coherencia en la acción, en las opciones, en la vida. Si tomamos la personalidad como algo sustancial, algo que es el centro del mundo, nos volvemos egocéntricos, creamos un enorme sufrimiento alrededor porque vamos a hacerlo todo para afirmar nuestra personalidad, en detrimento de los otros, vamos a utilizar todos nuestros actos para engordar nuestra personalidad.

C. B. : Así pues, muchos pensamientos, mucha emoción para ese trajín en la cabeza. Gracias a zazen podemos eliminar todo eso, encontrar una cierta...

R. R. : Podemos decir que practicar zazen es volver la mirada hacia el interior, sentados cara a la pared, es decir, sin ningún objeto que perseguir o asir y por tanto, vamos a aprender a volver la mirada hacia el interior y vamos a aprender a conocernos a nosotros mismos, así, el sí mismo, es el lado reflexivo.

C. B. : Sí, así es, al principio estamos hacia el exterior, pero después, con la práctica espiritual, la práctica de la Vía, nos volvemos hacia el interior.

R. R. : Eso es, y aprendemos a conocernos a nosotros mismos y todo lo que observamos durante zazen, son los diferentes elementos.

C. B. : Así pues el ego, el yo, el individuo, la personalidad, podemos decir que todo eso tiene globalmente el mismo funcionamiento, y de otro lado está el sí y la persona...

R. R. : Yo creo que todo eso son nociones y Buda estaba contra las nociones, criticó el apego a las nociones, y todas las nociones que nombras no tienen sentido más que en relación con otra cosa, el yo en relación con el tú, el individuo en relación con la sociedad, con el grupo. En cuanto a la persona, a veces queremos darle un sentido más espiritual.

En el Budismo, la persona existe pero de una manera muy relativa, es un poco el conjunto de esos agregados, el conjunto de esa consciencia, el conjunto de esa conciencia que tenemos de nosotros mismos, lo que vamos a llamar persona y tenemos necesidad de referirnos a ella.

C. B. : ¿Qué es lo que Buda dijo a propósito del ego ?
¿Puedes recordárnoslo de forma sencilla ?

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© A. Saliba

R. R. : El Buda jamás definió el ego, no hizo mas que negar que hubiera un atman, un sí sustancial, porque jamás negó el ego en tanto que persona. Pero tuvo problemas con espirituales que creían en un sí que es el atman, y que es permanente y eterno.

Consideraba que esta creencia en un atman era el origen de permanecer apegado al pequeño ego, y, por tanto, para él era extremadamente importante eliminar esta ilusión de que hay en alguna parte un sí o un ego, ya sea un gran sí o un pequeño sí ; a partir del momento en que nos apegamos a la noción de un sí sustancial, sea pequeño o grande, hay un factor de sufrimiento y un factor de ansiedad.

C. B. : Algunos dicen que al ser el ego una ilusión, no es necesario preocuparse ¿Qué opinas tú ?

R. R. : No, yo creo , al contrario, que el Despertar de Buda, es en gran medida aprender a iluminar la ilusión, así es que hay que preocuparse para ver hasta qué punto esta ilusión del ego nos lleva a pervertir enormemente nuestras acciones. Pero, al mismo tiempo, es extremadamente útil, y si deseo hacer esta emisión es porque creo que no hay que satanizar el ego.

C. B. : Precisamente no hay que decir que es nuestro enemigo.

R. R. : Porque sino, hacemos del ego una especie de pecado original, algo extremadamente culpabilizador. A menudo, en los grupos espirituales budistas, las personas se reprochan las unas a las otras : « es tu ego, es la manifestación de tu ego. » Es una manera de culpabilizar a los otros, y si eso lo aplicamos a nosotros mismos, el ego se vuelve el enemigo.

Mientras que el ego, en tanto que uno mismo, es con lo que practicamos. Por ejemplo, es necesario tener una firme decisión para practicar, y practicar con voluntad es absolutamente indispensable, podemos decir pues que la práctica con voluntad es una práctica con ego. El ego es lo que nos lleva a buscar la liberación, a buscar el despertar, a venir a practicar, así es que tenemos necesidad de él hasta un cierto punto, pero una vez que nos hemos comprometido en la práctica, y que estamos, por ejemplo, en la meditación, si ese ego que nos ha llevado hasta ahí continúa manifestándose, va a manifestar la avidez que es una de las características propias, es decir, querer manifestar algo, querer adueñarse de los méritos de zazen, querer practicar para obtener méritos, querer obtener el despertar para sí mismo, querer obtener la eternidad. Va elaborar teorías del tipo : “en efecto, el pequeño ego no tiene existencia propia, pero el gran sí es eterno” Ahí hay todavía un factor de ilusión. Hay que ver todas las trampas del ego, al mismo tiempo debemos darnos cuenta de que no podemos separarnos de él, siempre nos acompaña, debemos actuar de forma que se ponga al servicio de la Vía. Creo, en el fondo, que el ego es un modo de funcionamiento que en ciertos casos puede ser perverso y en otros casos puede ser benéfico. Hay que hacer al ego beneficioso para la Vía, es decir, utilizarlo para que nos movilice en dirección de la Vía. Por ejemplo, has hecho alusión a la actitud de los bodhisattvas, seres del despertar que consagran su vida a ayudar a los otros a liberarse de sus sufrimientos, está claro que con nuestro pequeño ego no podemos ayudar en profundidad espiritualmente a alguien, mientras estemos centrados en el ego. Eso quiere decir que mientras estemos apegados a un tipo de ilusión, estemos en la avidez, puede haber incluso un tipo de avidez de pretender ser el salvador de los otros, esto da seguridad, eso nos coloca en una posición elevada. Así es que el ego se vuelve también un impedimento para ayudar a los otros. Por el contrario, si conseguimos colocarlo en su lugar, tendrá su propia utilidad, en principio, va a darnos sentido a nuestra identidad personal que necesitamos para situarnos en nuestra vida social, sino sabríamos dónde estamos, estaríamos un poco locos. Necesitamos ese ego pero vamos a suavizarlo, a volverlo flexible, capaz de situarse en el lugar del otro, es decir, ser en el contacto, el yo en contacto con el tú, el yo que realiza que no existe sin tú, que vive en la interdependencia. Y se trata, finalmente, de comprender mejor la verdadera naturaleza de uno mismo, de forma que permita a ese ego, que puede ser ilusorio, ponerse a funcionar en armonía con la realidad tal cual es y vivir nuestra solidaridad con los otros.

C. B. : Precisamente para terminar con el voto del bodhisattva, la compasión está, a pesar de todo, en el corazón de ese compromiso, ¿no podemos decir que la primera compasión debe ser hacia el propio ego ?

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© A. Saliba

R. R. : Efectivamente, podemos decir que alguien que practica la Vía espera ser feliz, como dice el Dalai Lama, y salir del sufrimiento, por tanto, es compasión hacia sí mismo. Pero no podemos liberarnos a nosotros mismos sin olvidarnos a nosotros mismos, sin olvidar la ilusión de un ego al que nos apegamos, y es en ese momento, cuando podemos ayudar realmente a los otros, porque no es uno mismo en tanto que ego el que va ayudar al otro, sino que en realidad es la naturaleza de Buda, es decir el ego restituido en su verdadera no sustancia y a condición de vivir en armonía con eso, va a tener un efecto liberador para los otros con los que vamos a estar en contacto, ya que eso va a ser, como decirlo, comunicativo, va a ser un ejemplo alentador y sobre todo, va a dar confianza a los otros que tienen en sí mismos, y no en sus egos, la capacidad de despertar.

C. B. : Sí, lo que yo quería decir es : dejar de tratarlo como un enemigo, sintiendo compasión por todo lo que somos, aceptar lo que globalmente somos.

R. R. : Por supuesto, la primera enseñanza del zen es ni amor ni odio, ni avidez ni rechazo y detestar el ego es una forma de odio y eso se vuelve sufrimiento igual que la avidez y el apego al ego.

C. B. : Dos palabras muy rápidas sobre los agregados de los que hablabas hace un momento.

R. R. : Los agregados son las cinco funciones que observamos cuando tratamos de mirarnos a nosotros mismos, es decir, nuestro propio cuerpo, las sensaciones agradables o desagradables, las percepciones que nos permiten reconocer los objetos, tomar conciencia de los objetos que nos rodean y de nosotros mismos, el cuarto agregado, donde preferentemente anida la función del ego, es decir, todo lo que es del orden de la voluntad, el deseo, las intenciones. Es lo que hace que haya intenciones que desencadenan la acción. Seguido está la consciencia, la consciencia que es tomar consciencia de algo, mientras que a veces tenemos tendencia a creer, algunos discípulos de Buda lo han hecho, que la consciencia era el verdadero sí. Pero, a fin de cuentas no hay sí en la consciencia. La consciencia es una función, siempre hay consciencia de algo, así pues la consciencia es relativa a los objetos de los que somos conscientes. Igualmente, en el cuarto agregado hay proyectos, hay deseos que se vuelven hacia los objetos, proyectos y objetos que pueden ser sublimados, pueden hacernos desear realizar el despertar, desear ayudar a los otros a despertarse ellos mismos. Pero eso sólo es posible si abandonamos todo el aspecto de la avidez, que está en el cuarto agregado, asiento de todas las fabricaciones mentales.

C. B. : En conclusión, en dos palabras, ¿qué resaltarías de todo esto ?

R. R. : Lo que quiero subrayar es que no podemos practicar más que a partir de un conocimiento realista de lo que nosotros mismos somos, en el fondo esta es la enseñanza de Buda : aprender a conocerse a sí mismo y aprender a armonizar todas nuestras funciones psíquicas, de las que hemos hablado, para que funcionen suavemente, en la interdependencia, en la compasión, en un realismo que hace que, finalmente, vivamos de una manera despierta y no en la ilusión.

C. B. : Gracias Roland Rech.

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P.-S.

Traducción dojozen Pamplona/Iruña. (Antonio Arana Soto).
Site de Catherine Barry

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